Corazones Vagabundos.

La temporada de corazones vagabundos ha empezado hace poco. El calor ardiente se siente desde los pies hasta las pantallas que brillan toda la noche insistentes. La siesta se vuelve insoportable si se suda solo y las noches de aire acondicionado son frías, si se duerme solo.

Los corazones vagabundos deambulan por toda la ciudad, parecen fantasmas, pero no lo son, están más vivos que el que lo mira desde su ventana como espectador. Pasean descalzos o en bicicleta, semidesnudos sin que nada les retenga. Se tumban a la sombra de un árbol en las horas más violentas, vibran alto a las 18 y monedas, esperando encontrarse con otro corazón roto -o abandonado- cuando el sol descansa y la noche empieza a ser un poema. El calor los hace más visibles y presentes, más reales. Parece que el invierno los atrapa en una cajita de cristal, para que no se mueran de frío en las calles. Quizás alguno muera ahí, en la cajita, pero de soledad.

La temporada trae cosas buenas como: más encuentros, más abrazos, más camas abiertas, más conversaciones sobre horóscopo, películas, comidas, mascotas y eso. También trae sus complicaciones, por supuesto, como mal sexo.

Por eso los corazones vagabundos tienen la piel curtida, coleccionan cicatrices de amor y hacen catarsis de relaciones rotas mientras tienen los bolsillos cargados de ilusión. Hay más cartas de amor en el mundo sin entregar para esos corazones, que cartas a Papá Noel o para el ratón Pérez; o esas subscripciones a revistas que nadie nunca lee. Comprenderás porqué -inútilmente- ahogan sus penas en alcohol, y porque cada tanto se dejan besar un poco sin pasión, un poco con rencor.

Un corazón vagabundo puede pasar una vida navegando en un mar de incertidumbres, y las otras construyendo un camino de probabilidades, pero siempre continua errante… es su naturaleza o su razón de ser. Si les preguntás, ellos siguen creyendo que el amor es la respuesta.

Todos nos hemos enamorado de ellos en alguna temporada dónde andábamos rondando en los límites de sus fronteras, preguntándonos como sería tener su afecto, conquistar su sueño. Y todos hemos sido colmados de amor, elevados hasta el cielo para ser abandonados allí, a la deriva, en un universo que no sabíamos que existía hasta ese preciso momento.

Todos sabemos cómo es un corazón vagabundo, porque lo reconocemos apenas lo vemos reflejado en el espejo de nuestra habitación. La temporada de corazones vagabundos empezó, los vi desde mi ventana y decidí mezclarme con ellos a las dieciocho y monedas, cuando baja el sol y la noche empieza a ser un poema.

Ivana Taft

4 comentarios sobre “Corazones Vagabundos.

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  1. No se porque pero cuando empecé a leer este texto sonaba como música en mi cabeza, como si fuese la letra de un tema, algo medio hip hopero

    Ame ❤️

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