Cociente* Inconsciente (o Mi Reino Onírico)

Cuando me lavé los dientes, al levantarme, cerré los ojos frente al espejo como siempre, pero esta vez por motivos diferentes. Esa mañana cerré los ojos ante el espejo porque no tenía ganas de verme. No tenía ganas de ver el cansancio gastado de mis propios ojos, producto de una noche llena de sobresaltos, producto (esa noche) de una pila de pensamientos inconclusos y ropa para lavar acumulándose en el tacho. Cerré los ojos para obligar a mi cabeza a no ver el agotamiento recién levantado, y las huellas de las gotitas secas ensuciando el espejo del baño. Me censuré inmediatamente, justo antes de que empezara el día. No me di cuenta de ese auto-rechazo hasta más tarde, cuando el encuentro con mi propio ser fue inevitable.

La noche anterior había soñado de nuevo con que, de repente, me faltaba rendir una materia de la secundaria. Soñé que tenía la edad que tengo, y que había recorrido el mismo camino hasta ahora hecho, pero que ya nada de todo eso valía algo, porque me faltaba terminar esa etapa, tan lejana y llena de polvo, a causa de una materia de mierda olvidada. Entonces todo quedaba deshecho y tenía que volver a empezar. Este tipo de sueño aparece (o lo invoco) cada tanto, siempre que las estructuras oníricas de mi reino empiezan a tambalearse de aburrimiento. Y si lo escribo de forma tan poética es porque otra explicación no le encuentro. En algún lugar leí que este tópico del sueño es uno de los más repetidos en muchas culturas, a lo largo y lo ancho del mundo, y que son desencadenados por situaciones de la vida real que tienen características emocionales parecidas, donde estamos siendo evaluados. Hacemos reminiscencias a esos contextos tan lejanos, porque los exámenes de la escuela son los primeros escenarios donde realmente nos ponen a prueba, los primeros traumas de ser rechazados, de fracasar como adultos, aun en el umbral de la preadolescencia.

Y yo me sentía un poco así, con un humor gris, preludio de algo. Andaba media adolescente, es cierto, pero eso tampoco lo reconocí hasta tiempo después, hasta que me topé de nuevo conmigo y ya no pude escaparme.

Cuando volví del baño, después de cepillarme los dientes con los ojos cerrados, me tomé un café en la cama mirando televisión, como hacía mucho tiempo no hacía, completamente derretida por el calor y el desencanto de la vida cotidiana. Recuerdo que, en algún momento, mis ojos todavía lagañosos divisaron el desorden de la habitación, pero el desarreglo de mi cabeza fue más pesado. Rechacé indiscutiblemente la obligación de hacer algo. La reflexión de mi adormecido cerebro era: “si ordeno la casa, tengo que ordenar mi cabeza”, y yo no quería hacer ninguna de los dos. Para castigarme más aún, me puse a mirar un drama y a comer galletitas secas, exonerándome de la hora. Tenía muchos planes para esa mañana corta y deshabitada, pero ninguno llegó a buen puerto. Estaba en el ojo de la tormenta debajo de mi propio techo, y mi enclenque balsa flotaba en aguas sospechosamente mansas. Llevo un tiempo así, navegando a la deriva, flotando entre platos sucios y pensamientos. El drama absurdo de la tele no rellenó ninguno de mis agujeros existenciales, y el café medio frio en la taza, junto con el resto de las galletas aburridas, parecía más una nota de suicidio de mi falta de esfuerzo, que el disparador para empezar una nueva mañana.

Antes dije (pero no quise decir) que ese tipo de sueños aparecen porque son invocados. No es que yo sea la propia bruja que los evoca, puedo asumir la culpa de haberme equivocado en mis polvos de hada, pero sí es cierto que esos sueños es otro tipo de manifestación de mis estúpidos y enfermos fantasmas. Esas pesadillas no son una casualidad remota, nuestro subconsciente nos lo hace a propósito, para movernos un poco el tablero. Y yo estaba, quizás sin querer, quizás queriendo, haciendo trampa en mi propio juego. Boicoteando mi propio reino ¿Cuántas veces lo hemos hecho?

Y ya sé que si hago trampa contra mí, voy a terminar perdiendo. La lógica es sencilla, pero ¿qué es sencillo cuando la batalla es por dentro? Me olvidé (de nuevo) que sabía que ese camino era en contramano, que iba a terminar en ese callejón sin salida, del cual nunca recuerdo como llegué y del cual siempre me cuesta encontrar la salida.

Después de esa mañana, gastada a cuentagotas, frustrada por la resaca de una pesadilla universal -como soñar que estás en pelotas-, la tempestad cesó de repente. Bueno, mejor dicho: cesó accidentalmente. Como si se cerrara la puerta de golpe, arruinando un silencio casi perfecto, o sonara la alarma temprano y te asustara en el sueño, o una bocina impaciente te acusara de que ya está en verde y uno se ha quedado esperando a cruzar sin moverse. Es que los callejones sin salida tienen eso: una pared donde terminás estrellándote. Y yo tengo tantos golpes, que cada vez me siento menos rota, aunque ande toda desarmada.

Otra vez junté mis pedazos, revueltos entre la ropa de la silla y los zapatos. Y acá estoy, lavando los platos y mis propias culpas, levantándome después de haber aceptado las derrotas, después de haber perdido mil batallas y superado cien fracasos (de los que tengo contados, claro). Perdí de nuevo algunas piezas en el camino desordenado del agotamiento, pero ya no me afecta tanto. Prendí la luz, me preparé un nuevo café, apreté en el lavarropa las pesadillas de secundaria junto a un montón de ropa, apagué el fuego que ardía amenazante en mi reino onírico, abrí los ojos a mi mente, y me preparé para rendir bien el próximo semestre.

¡Fuck you subconsciente!

Ivana Taft

* Cociente: (Del lat. quotiens, cuántas veces.)

1s. m. MATEMÁTICAS Resultado que se obtiene dividiendo una cantidad por otra.

2cociente de asimilación BOTÁNICA Rendimiento energético de la fotosíntesis.

3cociente de inteligencia o intelectual SICOLOGÍA 1. Relación entre la edad mental y real de un niño. 2. Resultado de ciertos tests de inteligencia.

4cociente electoral POLÍTICA Número mínimo de sufragios necesarios para obtener un escaño en un escrutinio de representación proporcional.

5cociente respiratorio MEDICINA Relación entre el volumen de gas carbónico expulsado y el del oxígeno inhalado en una inspiración.

Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

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